lunes 28 de marzo de 2011

Lecciones sobre ruedas

Hace unas dos semanas Saul empezó a interesarse en aprender a usar su patineta, así que, como casi todas las tardes vamos al parque, empezó a llevarla consigo. Primero, iba sentado apoyando sus manos al piso, luego sintió la confianza para pararse en un solo pié, agarrar velocidad, detenerse, intentar mil cosas, claro que como en todo autoaprendizaje, tuvo algunas caídas leves.

Me encanta ver a mi hijo así, avanzar en algo que le gusta y hacerlo por si mismo, disfruto sus logros y aunque evito los halagos me enorgullece cada cosa que logra realizar.

En eso estábamos cuando el papá nos acompañó un día al parque, “es que el pié debes ponerlo así”, “es que mira debes girar asá”, “trata de mantener equilibro así…” Uf! un montón de instrucciones!, por un momento tuve la impresión de que el papá estaba apunto de quitarle a mi hijo la patineta para subirse él. Y sucedió, jaja. Tenle un poco de paciencia -le susurré a Saul.

Ahora me da risa pero en el momento y con todo el tacto del mundo le hice ver al papá, que si el niño no nos está pidiendo ayuda es porque él considera que no la necesita, que nuestro hijo ha logrado muchas cosas solo, que decirle cual es la mejor forma de hacerlo es como invalidar la forma en la que lo ha estado haciendo. A mi esposo le cuesta trabajo no intervenir en esas cosas, pero poco a poco y con algunos textos lo ha ido logrando.

Todo pasa a su tiempo, no hay instrucciones para caminar, para respirar, tampoco para subirse a la patineta, aunque si mi hijo me las pidiera las buscaría, el caso es que no me las pide. Ayer por fin, logró montarse en la patineta con sus dos piés y papá y yo estuvimos ahí para maravillarnos nuevamente de sus logros. Lo hizo solo.

Quizas aprendamos con el tiempo que el niño está bendecido con una cierta clase de sabiduría muy propia, que cuando es reconocida por padres sensibles, maduros y compasivos, es respetada, atesorada y preservada.

El niño ya viene equipado con tendencia al aprendizaje autodirigido- con un fiero anhelo de entender el mundo y todo lo que hay en él- pero en sus propios términos y a su propio paso. Por lo tanto "los juegos de niños", son el trabajo serio del niño, que debe ser respetado debido a la importancia crucial que implican en esa auto-educación. La necesidad escencial es el proveer un lugar seguro para llevar a cabo esa auto-exploración, el descubrir y experimentar, libres del miedo a ser reprendidos, rechazados, amenazados con castigos ó con el riesgo de ser lastimados. Los padres siguen así la guía del niño en su búsqueda por el auto-aprendizaje, evitando el dirigir ó controlar, sino más bien ayudar y facilitar cuando se les pida y reconocer el nuevo conocimiento.


Texto en azul, extraído del capítulo 6 de la publicación "Ser Padres Sin Castigar"
Les debo la foto sobre la patineta ;)

2 notitas:

Any dijo...

Me gustó tu post, copiaré un poco de tu paciencia para hablarle a mi esposito jajaja!

Zulema dijo...

jaja Any, te juro que yo sería bastante zen la mayor parte del tiempo, si no fuera por el papá, jaja.