viernes 25 de marzo de 2011

~ Sigo Aprendiendo ~

Ésta es la historia de una mamá que antes de terminar su día se dispuso a limpiar un poco el piso de su cocina, con mucha agua en el piso los niños no podrían pasar porque había peligro de resbalar, un golpe en la cabeza es muy peligroso y así se lo comunicó ésta mamá a sus hijos.

Sin embargo su hijo mayor quería pasar a utilizar la computadora a pesar de que ya era tarde y de que el piso mojado obstruía el paso:

_ Mamá quiero pasar a usa mi computadora
_ Creo que ya es un poco tarde, déjame pensarlo, además el piso está mojado, te puedes resbalar.
_ Anda mamá, quiero pasar, no es muy tarde
_ El piso está mojado hijo, no puedes pasar, déjame lo seco primero, sí es tarde.
_ No es tan tarde mamá
_ Haber dime ¿qué hora es?

De repente y sin que la mamá se diera cuenta (estaba terminando de mojar el piso), el niño se resbala y se golpea en la cabeza, empieza a llorar.

La mamá en sus adentros, no sabe si está mas preocupada que enojada, y en su mente retumban las siguientes frases: “pero si le dije que no pasara” “Dios! Se golpeo la cabeza” “pero si le dije no pases!” “Calma mujer, respira” “le dije que no pasara y no me escuchó” “ni modo de enojarse, está golpeado”.

Al fin la mamá decidió controlarse, ir con su hijo, revisarle el golpe sin reprocharle el “te lo dije” aunque le sigue resonando en la cabeza. La mamá abraza a su hijo, lo consuela, y hasta ahí pensamos que la historia termina con la moraleja de: “Cuando mamá dice no pases, es NO pases, es por tu bien”.

Pero no, la historia no termina, porque llega papá y preocupado por el golpe le pregunta a su hijo ¿Hijo, pero si mamá te dijo, dime porqué te pasaste al piso mojado? Y la mamá piensa: “pero qué papá tan imprudente, el niño sigue llorando, esa pregunta debería hacerla después” Y el hijo le responde al papá… “Papi, yo no quería pasar, yo sí escuché a mi mami cuando me dijo que era peligroso pero, luego ella me dijo que le diera la hora y tuve que pasar para mirar el reloj”.

Y la mamá, que no es otra más que la que aquí escribe, tragó mucha saliva, por lo incongruente que acababa de ser con su hijo al decirle no pases y luego decirle dime que hora es…

Me disculpé con Saul, y él me disculpó sin pensar, es mas, no entendía porqué le pedía disculpas, en el fondo yo misma aún sigo sin perdonarme ciertas cosas. Y pienso:

_ Debí haber escuchado mejor la petición de mi hijo de usar su computadora.
_ Le pude haber ayudado a pasar de una forma segura.
_ Será mejor no exponer la seguridad de mis hijos al echar tanta agua al piso, a quién le importa si se limpia con mucha agua o con poca agua.
_ Quizá eso de usar su computadora era solo un pedido desplazado, y en realidad mi hijo quería estar cerca de mí.

Entre muchas cosas que aprendí con ésta situación, pude reafirmar lo siguiente: Nuestros niños no se “comportan mal”, ellos siempre nos escuchan aunque parezca que no, lo que sucede es que lo que les decimos, a veces no es muy claro. Quizá nosotros somos los que no escuhamos bien a nuestros hijos.