viernes 1 de abril de 2011

Sobreviviendo a una Rabieta

Anoche cuando ya estábamos listos para irnos a la cama, a mamá se le ocurrió comerse una rica naranja, la última de mi frutero. Joel me pidió un poco y compartimos lo último que quedaba pero al final, cuando se terminó mi naranja, Joel empezó a pedirme más. Ya no había más!

Le ofrecí manzana, que no. Le ofrecí plátano, que no!, ¿Agua, leche, yogurt, fresas… Chichi? Nada! Él quería naranja.

Estaba muy molesto y empezó a gritar y a llorar. A esa hora de la noche cuando no hay muchos ruidos sus gritos retumbaban por toda la casa. Joel arrojó al piso algunas cosas para demostrarme que estaba bastante enojado. Respiré muy profundo. No dije nada.

“Quiéreme cuando menos me lo merezca, porque será cuando mas lo necesite”, o lo que es lo mismo: “intenta ponerte en mi lugar porque yo también lo estoy pasando mal”.

No sé cuanto tiempo duraría, el caso es que a cada cosa nueva que le ofrecía parecía molestarse mas. Ya no tenía más qué decirle. Me bajé hasta tener sus ojos la altura de los míos y le dije “Te quiero mucho”, “estás enojado porque no hay naranjas,” “te prometo que mañana iremos al mercado a comprar mas”. Pero no cambió nada, él seguía molesto.

Le extendí mis brazos y los rechazó mientras seguía enojado y llorando y gritando bastante fuerte. Entendí que era mejor no decir nada, creo que ni él mismo sabía lo que quería, y la verdad es que yo menos! Lo único que tenía claro es que mi hijo necesitaba que lo acompañara y que no lo rechazara. Me quedé en esa posición, esperando sabrá Dios que (¿quizá que se calmara solo?), ofreciéndole mi regazo para abrazarlo.

Después de un largo rato en el que yo no decía nada y solo esperaba(y escuchaba sus gritos), de repente en un momento aceptó mis brazos y se acercó para que lo abrazara. Lo abracé muy fuerte y le dije de nuevo “Te quiero mucho”. Empezó a calmarse mientras seguíamos abrazados. Luego me tomó de la mano y me llevó hasta la cama para tomar su Chichi.

Y así sobrevivimos a una rabieta que afortunadamente no son comunes en nuestra casa.

Extracto del artículo Rabietas, en Crianza Natural.

Una rabieta en un niño, es una lucha interior entre lo que debo hacer por naturaleza y una incomprensión de mis padres hacia tales actos que me provocan unos sentimientos ambivalentes y negativos.

Esa ofuscación entre querer una cosa, no entender lo que pasa y el rechazo paterno, es la fuente de la mayoría de las rabietas. Por eso lo mejor es dejarle claro que haga lo que haga siempre le queremos y le comprendemos, aunque a veces no estemos de acuerdo.


Extracto del Artículo, Cry For Connection, de Mothering.com

Un niño llora, se enoja, o a veces tiembla y patalea, para descargar sus sentimientos negativos. Mi sugerencia a los padres cuyo hijo está al borde de una rabieta puede parecer contradictoria, pero funciona. Deje de intentar resolverle el problema (en éste caso la naranja que quería), acérquese a su hijo, y preste mucha atención a lo que sucede a continuación. Su hijo va a ceder.

Por lo general, cuando un niño siente que su padre está interesado en él y no en la solución de un problema práctico, sus sentimientos se calman y se liberan. Los sentimientos liberados son sentimientos resueltos. El padre puede escuchar con atención la rabieta, manteniendo a su hijo seguro, confiando en que pronto hará su camino de regreso a un estado mental razonable.