
Ayer mis hijos recibieron de regalo un sombrero vaquero, uno para cada uno. De más está decir que el regalito les encantó! No se quitan el sombrero casi para nada, son felices siendo vaqueros y ya están pensando en los complementos que necesitan.
Además de unas botas, y otros accesorios no puede faltar un buen revolver. Una pistola de vaquero pues. Con ella jugarán a matarse el uno al otro, y juro que mientras lo escribo me siento un poco extraña.
Los famosos “juegos violentos” están mas que vetados en ésta sociedad doble moralista en la que, destruimos armas de juguete pero violentamos a los hijos de mil maneras. El juego de los niños es así, es fantasía, es actuación, y no proyección como muchas veces pensamos. Si mi hijo juega con una pistola de juguete a ser un vaquero, no significa que de adulto vaya a ser un sicario malvado (todas las noches imagino como pudo haber sido la infancia de un sicario e imagino muchas cosas, pero no juegos de vaqueros).
La violencia en el niño es otra cosa, la mayoría de las veces es una violencia silenciosa, y una violencia impuesta por los adultos “no sirves para nada” “siempre te equivocas” “deberías poner mas atención” Y entonces el niño se lo cree todo, eso es violencia!
La fantasía es necesaria, es parte del desarrollo, es una manera de ser otra persona, de experimentar otros roles que en la vida real no serían permitidos. Jugar a los vaqueros y dispararse, luego hacerse el muerto y revivir a los dos segundos puede ser divertido y tiene su lado emocional también. Eso no es violencia. Es un juego de fantasía.
Si hemos educado a nuestros hijos en el amor, de manera respetuosa y permitiéndoles jugar de manera libre no tendríamos porqué preocuparnos por un arma de juguete. Porque solo es eso. Un juguete.

